miércoles, 25 de marzo de 2020

Delirio


Delirio (Poema a los volcanes eternos)

I

He regresado tras el triunfo, avivado por este corazón
y he hallado en sus aposentos, inanimada toda mi razón.
Yace inerte a mis suplicas… se ha extinguido sin temor
y la luna susurra cada noche, su delirio fue un amor…

Se quedaron aprisionados tantos destellos de pasión,
que me consumen con desvelo, todos los días, sin compasión.
Encerrados en mis venas, palpitan tu imagen y tu aroma
y la sensación de tu tersura, me castiga, a cada hora.

II

Brillabas como el sol, y los astros se reflejaban en tu piel,
de forma fascinante, atraías a todos como la miel.

No eras divinidad, sino una princesa, que ante la ternura
de su existencia, se ofreció antes que sufrir por mi caída.

Sin sabia dulcísima se quedaron tus labios,
y tus tiernos recintos jamás derramaron los delirios,
que a mi boca sedienta le fueron negados.

Apagados quedaron en tu pecho mis propios latidos,
sin retorno del inframundo al que fueron condenados.

III

Aprisiona de mi corazón palpitante sus esperanzas y deseos, 
aun con la rigidez mortal de tu cuerpo, mi eterno amor te pertenece.

Vuelve a ofrecer tu aliento a mis ansias, 
devora mis adentros con el ímpetu de tus anhelos, 
como si de un tormentoso destello de egoísmo se tratase,
vuelve a mirarme con tus ojos bellos.

Porque en el cielo mi fuego que no se extingue te busca impaciente,
y en este mundo egoísta se consume la llama y humea tu imagen floreciente.

IV

El inclemente sol no deba marchitarte blanca flor, 
ni los vientos fríos puedan sepultarte entre el olvido, 
asciende en las neblinas espesas de la eternidad, 
suave como la brisa, llena de fuerza como el mar.

Volcaré en mis cimientos la potencia y la entrega de mi ardor,
para que en cada estridente exaltación, te refrende mi amor.

El tiempo es testigo que en esta ofrenda se queda nuestra historia,
que en estas cumbres se erigen orgullosos los delirios, el fervor.

NRE

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